Emilio Lozoya, la Reforma Energética y la corrupción

Jul 26, 2020 | Política

Corría el primer año del sexenio de Enrique Peña Nieto, y se había integrado el pacto por México, desde el cual se impulsaron toda una serie de modificaciones a la Constitución y Leyes Secundarias con el fin de armonizar las leyes mexicanas con las necesidades de los monopolios privados en aquellos años.

Al mismo tiempo se hacía una intensa campaña en medios y redes sociales, para justificar la necesidad de la Reforma Energética. El presidente, el director general de PEMEX, y muchos otros actores, grababan spots y aparecían en televisión justificando la necesidad de la Reforma Energética y explicando sus beneficios, entre los cuales señalaban que no se privatizaría PEMEX, no habría gasolinazos y se reducirían los precios de los energéticos gracias a la competencia.

Después de casi 7 años, lo que en realidad sucedió fue todo lo contrario: se vendieron las gasolineras de PEMEX a privados, y el precio de la gasolina ha alcanzado precios estratosféricos que han afectado gravemente los precios de los productos de primera necesidad y los costos del transporte.

Sin embargo, durante la pandemia los precios de los combustibles se desplomaron. Esto pone de manifiesto que ninguna reforma ni ningún gobierno del mundo puede, sin un mínimo de intervención política adecuada, controlar los precios en el mercado mundial de los recursos energéticos, uno de más férreamente monopolizados.

Con la detención de Emilio Lozoya, se ha dicho de manera recurrente que se está curando la corrupción y la impunidad. Edgardo Buscaglia ha llegado a decir que procesos judiciales análogos con el afán de perseguir estos delitos, han derivado en sociedades más democráticas, por ejemplo, en Brasil, Colombia o Italia. Pero, democráticos bajo qué criterio es la pregunta que no se responde.

Sin embargo, a pesar de su ingenuidad, el intelectual también hace un señalamiento que no se ha visto en la historia reciente de la humanidad: se deben extinguir los negocios de las empresas que se hayan beneficiado de la compra-venta de conciencias y voluntades políticas.

Pero el problema de fondo es aún más duro que todo esto. En la sociedad capitalista, todo bien material y espiritual está sujeto a la mercantilización. Incluso existen mercados como el tráfico de seres humanos, que ponen de manifiesto que lo único que persigue el capitalismo es el lucro aún a costa del bienestar de los seres humanos. Esto implica que también las conciencias pueden convertirse en mercancía.

Eso que llaman corrupción, no es una anomalía dentro del capitalismo, sino un resultado esperable dentro del sistema de compra-venta. Por esto, la lucha no puede limitarse a exigir cárcel para aquellos políticos que hayan aceptado un soborno, y la extinción de los negocios que las empresas hayan realizado al amparo de estos sobornos. Mientras el sistema que funciona en base a la compra-venta siga existiendo, los sobornos y la corrupción, seguirán teniendo poder sobre la política y la sociedad.

La propiedad capitalista debe abolirse y reemplazarse por una propiedad social cuya lógica sea la de satisfacción de las necesidades de los seres humanos aún en contra del interés y el lucro individual.

Retomando el caso inicial, se vuelve evidente que con encarcelar a los políticos que aceptaron sobornos y cancelar algunos contratos dejando intacta la reforma energética, no será suficiente para resarcir el daño que esta ha causado al nivel de vida de la clase trabajadora, los estudiantes, los pequeños comerciantes y trabajadores por cuenta propia.

Se vuelve imperante la cancelación total de la reforma energética y el restablecimiento de los subsidios a los combustibles. Sostener estas políticas es posible si se incrementen las tasas de impuestos a los monopolios industriales, comerciales y financieros. También sería necesario expropiar y poner bajo control estatal toda propiedad en México de las empresas que hicieron negocios en el mercado energéticos tras la aprobación de la reforma, ya que es impensable que empresas que anualmente destinan millones de dólares en prebendas a políticos en los EUA y la UE, no hayan al menos aprobado este proceder en México.

Pero sobre todo, se debe blindar la producción de energéticos contra la intromisión de monopolios privados, sean de origen extranjero o nacional. El paso definitivo para evitar estos problemas económicos pasa por blindar esta propiedad de manera permanente contra el acceso de privados.

Esta voluntad, es la que está ausente en la persecución política emprendida por la 4T contra los funcionarios del sexenio anterior.

 Vivimos en la época de las revoluciones proletarias, donde el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas es suficiente para dar el paso al socialismo para garantizar el acceso a energéticos y medios de transporte a toda la población, y mucho más. Pero esta revolución no se dará de manera espontánea.

Es indispensable que la clase obrera del campo y la ciudad retomen el protagonismo político, dejando de lado los cantos de sirena de políticos demagogos que la llaman a dejar de lado la lucha mientras ellos hacen el trabajo. Con la clase obrera en el poder, es posible expropiar y mantener operando todas las industrias en manos de privados que lucran con necesidades como los energéticos, el transporte, la comunicación, la salud, los alimentos, la vivienda, la educación, etcétera.

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