Los Juegos Olímpicos: ¿qué hay más allá de las competencias deportivas?

Ago 16, 2021 | Política

Como cada 4 años, en los Juegos Olímpicos recién finalizados en Tokio nos hemos deleitado de la increíble capacidad de las y los deportistas en todas las disciplinas, dejando todo en la cancha, en la pista, demostrando cómo la disciplina y constancia puede resultar en habilidades que llegan a desafiar leyes de la física y se colocan muy por encima de las capacidades del promedio de la población mundial.

Sin embargo, esta exhibición olímpica que galardona a los mejores del mundo, también deja ver muchas cosas más, en este texto haremos solo una introducción de algunos temas importantes con la intensión de incentivar el interés por debatirlos.

El deporte como negocio

Mucho podemos decir de los multimillonarios intereses económicos que conllevan las Olimpiadas, tanto en el país sede como para los patrocinadores. La derrama económica para el país anfitrión no representa un beneficio para su población ni para su economía local, sino para sus monopolios  ̶ como las constructoras con las concesiones de la villa olímpica, hoteleros y las aerolíneas ̶.  A pesar de esto, el valor comercial para los países ha ido perdiendo peso, un ejemplo de esto fue la declaración de Takeshi Niinami, director ejecutivo de la empresa Suntory, que afirma que “los Juegos Olímpicos están perdiendo su valor comercial”, por lo que su firma decidió no ser parte de los patrocinadores por considerarlos «demasiado caros»[1], esto incluso antes de que la pandemia de Covid-19 obligara a realizar esta edición sin espectadores.

Por otro lado, para aquellos deportistas que no nacieron en familias ricas, su aspiración de éxito se convierte en una enorme autoexigencia para ganar competencias y alcanzar patrocinios, es decir, ser rentable como producto de mercado. La necesidad de patrocinadores privados para sustentar el deporte es un reflejo de la falta de apoyos de los países de origen de los deportistas, pero también de la profesionalización del deporte, un mundo donde el alto rendimiento te obliga a dejar de lado casi todas tus demás actividades económicas, volviendo indispensable garantizar tu supervivencia y la de tu familia de otra manera.

Es por esto que quizás las grandes ganadoras son todas las empresas internacionales que patrocinan a los deportistas como Nike, Adidas, Under Armour, Puma, Reebook, Benoto, Coca-cola, y muchas más.

Las marcas son las verdaderas dueñas de los Juegos olímpicos, pues no solo invierten en publicidad directa en los países sede, sino que son los principales financiadores de centros deportivos en todo el mundo. En México, por ejemplo, las principales empresas que apoyan al deporte son: BBVA Bancomer, Telcel, Corona, Tecate, Coca-Cola y Nike.

En Estado Unidos prácticamente todos sus deportistas cuentan con patrocinio privado además de los programas estatales y centros deportivos de alto rendimiento.

Para estas firmas una de las principales razones, “los valores positivos a los que se asocia su nombre. […] Por otro lado, también permite conectar con su público objetivo, seguidor de ese deporte”[2] además de los beneficios fiscales que pueden variar de país en país, pero rondan el 40% de deducción de impuestos. Para estas empresas el deporte es un negocio del espectáculo, ya que el retorno de las inversiones de los patrocinadores es de un 20 a 25 veces lo invertido.[3]

Las declaraciones de deportistas dan importantes ejemplos de cómo los patrocinios pueden determinar la asistencia o no de los deportistas a las Olimpiadas, y cómo a pesar del potencial llegan a ser rechazados por no parecer rentables. El caso más ejemplar es la maratonista Allyson Felixa, quien hace tres años rompió sus vínculos con Nike cuando la empresa suscribió reducciones salariales a los contratos de las mujeres si quedaban embarazadas,[4] lo que la obligó a buscar un nuevo patrocinador con la marca Athleta de Gap.

Del talento a la explotación

Generalmente se busca vender el éxito de los deportistas como grandes historias de superación y esfuerzo, ya que es una forma emotiva de incentivar el reclutamiento de nuevos talentos; sin embargo, debemos evidenciar el trasfondo monetario que implican para las empresas, quienes cuentan con inversión suficiente para recibir constantes ingresos y acompañar a los nuevos deportistas en su especialización hasta aquellos pocos que logran participar en competencias nacionales e internacionales.

El propósito de este texto no es condenar el financiamiento que se le dedica a los deportistas, sino remarcar el frustrante proceso de profesionalización, en el que poco se procura el bienestar del deportista o sus planes para el futuro.

Para empezar, tenemos a todas aquellas personas que por alguna u otra situación ven sus ilusiones desvanecerse al no lograr pasar el filtro de las primeras eliminatorias.

Los pocos que tras años de disciplina y constancia logran trascender las múltiples competencias y llegan a los Juegos Olímpicos, por unos años son íconos, pero la inevitable rienda de la historia marca su caída para dar paso a las nuevas generaciones, y una vez que terminan su estrellato, quedan sin sustento aquellos que no tuvieron la suerte de ser de la selecta élite que es muy bien pagada.

Por otro lado, los deportistas de alto rendimiento generalmente inician su carrera desde muy temprana edad, como el caso de Diego Molina, clavadista mexicano, quien comenzó a ser entrenado por su padre a los 4 años. Es preciso diferenciar entre la pasión y el talento de los niños por el deporte, cosa que por si misma puede llevarlos a romper records y volverse íconos -como las 3 medallistas de skateboarding-, y el obligar a un niño durante todo su desarrollo de infancia y adolescencia a entrenar más de 6 horas diarias buscando alcanzar la perfección, a costa de todo su desarrollo social y emocional.

Además, cada vez es más común escuchar hablar sobre todos los trapos sucios del deporte profesional, no es un secreto ni los problemas de acoso sexual ni el maltrato físico y psicológico que sufren hombres y mujeres de diversas disciplinas. Quizás las más icónicas sean las gimnastas, y más se hablará de eso luego de que Simone Biles, medallista estadounidense, abandonara las competencias por priorizar su salud mental, tema que debería ser una prioridad para muchos entrenadores, pero que muy difícilmente tendrá empuje mientras el alto rendimiento se base en la presión.

La profesionalización del deporte

Retomando los temas antes expuestos, el deporte abarca por tanto desde el talento (que no menospreciamos en absoluto), hasta las condiciones materiales para su realización, atravesando por las características físicas y emocionales del individuo.

Debemos de admitir que, más allá de las apelaciones a la voluntad y la salud, el deporte es un lujo para el general de la clase trabajadora. Esto se evidencia cuando no pueden desarrollar su talento más allá de una cascarita saliendo del trabajo, o como el caso de los refugiados, desarrollado por supervivencia. Pero el que existan personas dedicadas profesionalmente implica en contraposición que existan personas que no se dedican al deporte.

Evidentemente existen deportes más elitistas que otros, como el golf, tennis, equitación y vela, que reducen las competencias a un camping internacional de ricos. Mientras que otros son más accesibles (medianamente) como el fútbol, atletismo y el ciclismo, que, si bien a niveles olímpicos requieren también un alto grado de exigencia, son más asequibles y cotidianos a la mayoría de la población, que las realiza solo como una actividad recreativa.

Todos los deportistas están determinados por su condición de clase, y es esto lo que les permite en primera instancia entrenar en sus países, pues si bien México celebra una medalla de bronce en clavados preguntémonos, ¿Qué porcentaje de la población mexicana tiene acceso a una alberca de clavados?

El deporte, cualquiera que sea, debe ser accesible para la clase trabajadora, como recreación, y en las Olimpiadas, como máxima justa deportiva, no premiar a los monopolios patrocinadores con nutridas ganancias, ni a países por financiar un pasaje de avión y una bandera impresa en la fayuca, sino para ensalzar el triunfo de la sociedad que en su conjunto haya generado condiciones para que sea posible la difusión del deporte como parte integral y determinante del pleno desarrollo del ser humano, en un ambiente de fraternidad y espíritu deportivo como el que se vio el Tokio en la final de salto de altura, donde la medalla de oro fue compartida con completa fraternidad por Barshim de Qatar y Tamberi de Italia.

Deporte y política

Por mucho que el Comité Olímpico Internacional (COI) repita una y otra vez a lo largo de sus 125 años de historia que el deporte debe estar separado de la política, como elemento conformador de la superestructura, el deporte está determinado por la base económica de la sociedad en que vivimos y, por tanto, es y será usada políticamente para reforzar nacionalismos y tirar patadas bajo la mesa en la pugna interburguesa intermonopolista y el reacomodo de las fuerzas internacionales.

Entiéndase por tanto que el debate para determinar qué criterio debería prevalecer para contabilizar el medallero, es síntoma evidente de la disputa entre China y Estados Unidos por ver quien lidera el mundo.

Las Olimpiadas, por otra parte, también han sido siempre palestra internacional para no olvidar las luchas de pueblos enteros, como la lanzadora de bala Raven Saunders, que al recibir su medalla levantó los brazos y los cruzó, para señalar que las «personas de todo el mundo que están luchando y no tienen la plataforma para hablar por sí mismas».

En ese mismo tenor, el judoca argelino Fethi Nourine y después Mohamed Abdalrasool de Sudán se negaron a competir con el representante israelí alegando que «Trabajamos mucho para llegar a los Juegos Olímpicos. Pero la causa palestina es más grande que todo esto».[5] De la misma manera que los medallistas cubanos dedicaron sus medallas a Fidel y a la revolución, pues reconocen que sin este proceso su acceso a una vida digna, al deporte y a las olimpiadas, no habría sido posible, al grito de “hasta la victoria siempre” al recibir sus preseas son ejemplos no solo de la calidad formativa del país socialista y de una genuina actitud deportiva y solidaria.

También dejan en evidencia las contradicciones entre el nacionalismo y el recorte de gasto público, pues son cuantiosas las declaraciones de deportistas que viajan sin un solo peso aportado por sus respectivos gobiernos, mientras que estos se cuelgan las medallas con bombo y platillo. Mucho de esto saben los deportistas mexicanos, especialmente los que no llegan a clasificar por la falta de apoyo para asistir a las competencias mundiales, pero es una situación que podemos ver en todo América Latina: «El país nunca creyó en mí (…) esto me pertenece a mí y a todos quienes realmente me apoyaron en su momento», son palabras del ecuatoriano Richard Carapaz cuando consiguió la medalla de oro en ciclismo, pero bien podrían haber sido dichas por cualquier deportista, pues desde inexistentes fondos para el deporte hasta el financiamiento a cambio de propaganda son situaciones comunes en este medio.

Migración y deporte

El carácter marcadamente nacionalista que se le imprime a las Olimpiadas choca con la práctica de múltiples países de enviar entre sus delegados a emigrados o refugiados. Y no porque está mal que estos individuos con pasados duros que se han visto obligados a abandonar sus hogares con o sin sus familias en búsqueda de una vida mejor no tengan derecho a asistir, sino porque por un lado presenta un debate en cuanto a ¿Por qué los deportistas deben estar vinculados a un país para poder asistir? Si ya hemos comentado la poca importancia e inversión que muchos le ponen ¿por qué no pueden representarse a sí mismos los deportistas? El mejor ejemplo de internacionalismo y solidaridad deportiva sería que estas no fueran una palestra para inflar los nacionalismos, aunque por supuesto esto relegaría aun más a los deportistas a sobrevivir de buscar el financiamiento de patrocinadores.

El caso más extremo de la banalidad nacional son los deportistas profesionales que juegan en selecciones de liga por todo el mundo y son requeridos por sus países de origen para asistir a las olimpiadas con dicha bandera, como el caso del equipo mexicano de softball ya que la mayoría de ellas tienen nacionalidad y toda su vida hecha, en USA. Entonces es evidente que el juego de los países por colocarse en el medallero como un sistema de estrellitas de buena participación en la frente, prefiriendo pagar subsidio a un equipo completo de otro país para que lo represente en un deporte que no está difundido como el softball en México, en lugar de mejorar y ampliar los centros deportivos en el país para que la población tenga verdadero acceso a practicar deporte.

Esta contradicción entre los deportistas en lo individual y sus países de origen ha tenido que ser resuelta por el Comité Olímpico en la creación del Equipo Olímpico de Refugiados desde la edición pasada en Rio de Janeiro, en medio de una crisis de refugiados de 82,4 millones de personas que han sido desplazadas por la fuerza en todo el mundo para 2020, según cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR). Para este año fueron 29 los atletas que conforman al Equipo Olímpico de Refugiados, originarios de Afganistán, Camerún, Eritrea, Irán, República Democrática del Congo, Siria, Sudán del Sur y Venezuela.

La mayoría de estos refugiados se concentran en países europeos, principalmente en Holanda, Alemania, Suiza y Francia. Por mencionar algunos ejemplos pudimos ver participar al taekwondoin Abdullah Sediqi, quien ahora vive en Bélgica, la judoca Nigara Shaheen, quien ahora vive en Rusia, y la ciclista Masomah Ali Zada, quien ahora vive en Francia.

En atletismo es especialmente visible esta situación, pues la mayoría de los corredores y corredoras son negros sin importar el país. El ejemplo más destacado de estos juegos sería Sifan Hassan logró el en fondo femenil en los 10,000 metros y 5,000 metros, y el bronce en los mil 500 metrso para Países Bajos, habiendo llegado de niña a este país, huyendo, como muchos, de las condiciones de miseria.

Sobre lo anterior, es necesario señalar como se juega un doble discurso donde por un lado ciertos países con gobiernos más conservadores expresan cotidianamente políticas xenofóbicas hacia los migrantes y refugiados, o hacia los negros en general, como el caso de Estados Unidos, pero por otro lado, están dispuestos a “utilizar todos los recursos” para colocarse en el raiting mundial que da el medallero.

Agregaremos, sin profundizar (aunque sería bueno retomarlo) que son justo países como Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania los principales causantes de las condiciones infrahumanas en el continente africano, no tienen problema en cacaraquear y colgarse las medallas de atletas que no dejarán de ser marginados a su regreso.

Por supuesto, los atletas migrados o refugiados tienen mucho que decir sobre superación, pero vale la pena que no caigamos en la trampa de buscar la parcialidad en el deporte, por ejemplo, a la joven nadadora Yusra Mardini cuya habilidad deportiva fue forjada salvando su propia vida y la de 17 refugiados más al cruzar el mediterráneo, si hemos de conmovernos de lo lejos que la ha llevado la vida, que no sea sin sentir un profundo odio por la guerra y la explotación que ha llevado a miles, sin el aguante de Yusra, a ahogarse en aguas saladas buscando un vida de paz.

Conclusiones

Ni la nacionalidad ni el patrocinio deberían ser determinantes para la asistencia de los deportistas a la máxima justa deportiva, pues solo de esta manera el deporte podrá ser verdaderamente neutral e internacionalista en lugar de un millonario negocio del espectáculo. Por otro lado, el deporte, al profesionalizarse adquiere una increíble capacidad y grado artístico, pero debemos cuestionarnos si vale tanto la vida que los deportistas entregan a esta emulación de colocarse en la cima, y la frustración de todos cuantos tienen un enorme talento, pero por no tener las condiciones económicas, quedan fuera de la competición y de los libros de historia.


[1] Cecilia Barria, Tokio: por qué los Juegos Olímpicos dejarán «enormes» pérdidas económicas para Japón, BBC news, publicada el 2 agosto 2021, consultada el 11/08/2021 en https://www.bbc.com/mundo/deportes-57948609

[2] https://hablemosdeempresas.com/empresa/patrocinio-deportivo/

[3] Emilio García, Empresarios que apoyan al deporte ¿por qué lo hacen? Publicado el 23/09/2020. Consultado el 11/08/2021 en https://www.revistaneo.com/articles/2020/09/23/empresarios-que-apoyan-al-deporte-por-que-lo-hacen

[4] Olímpicos de Tokio: Allyson Felix, la mujer más condecorada de la historia en la pista olímpica, redacción de BBC, Publicado el 07/08/21. Consultado el 11/08/21 en https://www.bbc.com/mundo/deportes-58121881

[5] Ana Pais, Tokio: cómo la política volvió a marcar los Juegos Olímpicos (también para América Latina) BBC, publicada el 9 agosto 2021, consultada el 11/08/21 en https://www.bbc.com/mundo/noticias-58151867

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