La política se refiere a los asuntos públicos, es decir, aquellos que impactan a la comunidad entera y cuyas decisiones son obligatorias para sus miembros. Estos asuntos, sin embargo, no siempre son objeto del interés de todos. Es normal, en nuestro andar cotidiano, encontrar la concepción de la política como algo sucio y ajeno a los intereses populares; suele verse a la política como cosa exclusiva de los políticos y a estos como gente alejada de los intereses del pueblo, gente que busca un beneficio personal.
Esta forma de concebirla lleva a comportarse indiferente frente a la política. Esta, así vista, genera rechazo desde abajo, y esto lleva a que los intereses del pueblo no estén representados en el gobierno y en los sistemas político y electoral. El pueblo, al alejarse de la política, deja vía libre a otros para dirigir los asuntos públicos y tomar las decisiones que impactan a todos en todas partes.
Entonces, para mejorar sus condiciones de vida, para solucionar los problemas que le aquejan de manera más aguda, el pueblo debe, necesariamente, intervenir en la lucha política, pero no bajo la forma ruin y falsa que predomina actualmente. La política popular es de otra clase: de asambleas en calles, de territorio, de discusiones francas y honestas, de lenguaje claro y de representación genuina de intereses. A la forma actual de hacer política, el pueblo debe contraponer su forma propia.
La CLP (Coordinación de Lucha Popular) se formó a partir de esta concepción de la política. Conjunto de varias organizaciones de distintos frentes de lucha, la CLP busca integrar los intereses de todos estos frentes en un programa político basado en la solución de los problemas centrales para el pueblo. Porque sea que se trate de un pueblo originario, una colonia popular o un barrio, hay problemas centrales que, de resolverse, beneficiarán a todos. Sin importar si se es estudiante, trabajadora, obrero, maestro, desempleado o profesionista, para tener mejores condiciones de vida, es necesario resolver problemas que nos afectan en conjunto.
En la lucha política, el pueblo tiene un elemento muy importante a su favor: el número. Pero este número es incapaz de ser una verdadera arma si no está organizada a partir de la consciencia de sus intereses fundamentales. Para formar el poderoso movimiento popular que se necesita, existen tendencias que deben superarse. Es por esto que la CLP considera indispensable combatir y superar el gremialismo y el localismo, y vencer a los enemigos políticos en la disputa por la legitimidad del movimiento.
Gremialismo
El gremialismo es la tendencia política a mantener a las organizaciones circunscritas a la problemática y reivindicaciones de un grupo o grupos muy particulares de la sociedad. Por ejemplo, hay gremialismo cuando una organización de pueblos originarios es refractaria a todo lo que no sea, a primera vista, un asunto de pueblos originarios.
En lo inmediato puede pensarse que, mantener distancia de posiciones o demandas que se perciben ajenas es un signo de fortaleza y pureza política, pero no es así. La tendencia gremialista le juega en contra al movimiento popular porque no permite tomar consciencia de las grandes luchas que hay que dar en unidad. Sin esta consciencia, las organizaciones se mantienen separadas entre ellas y se fomenta la actitud de no permitir que una organización se interese por las luchas de las demás y a la vez, que ninguna organización deba intervenir en otros frentes, más que en el propio.
Localismo
El localismo es la tendencia a mantener a las organizaciones sociales enfocadas sólo en las cosas que ocurren en su localidad. Por ejemplo, cuando vecinos de una colonia se juntan para exigir que se les abastezca de agua, se rehabilite un parque, se mejore la seguridad o para resolver cualquier otro problema, pero se enfocan sólo en resolver la carencia en su colonia y se muestran contrarios a colaborar con otras colonias o a que desde otras colonias o frentes les apoyen.
El localismo también es una debilidad para la lucha popular. Caer en el localismo mantiene aislada a una organización y se fomenta la atomización de intereses populares, es decir, en vez de aglutinar, por ejemplo, a todas las colonias que padecen falta de agua, cada una se mantiene luchando por su lado, buscando resolver la carencia sólo en su territorio. Ocurre frecuentemente en la ciudad que hay bloqueos de avenidas y calles en distintos puntos y todos por agua, pero no se ha dado una sola marcha o bloqueo a gran escala de todos los afectados, que son millones en la capital.
El gremialismo y localismo, entonces, son contrarios al crecimiento numérico y organizativo del pueblo para luchar por satisfacer sus intereses colectivos más esenciales y, sin esto, no se pueden satisfacer los intereses de los distintos grupos sociales por toda la Ciudad de México.
Monopolio de la legitimidad
Una organización es legítima cuando se formó por acuerdo mayoritario o consenso. Mantiene su legitimidad cuando es una organización que expresa los intereses de sus representados y lucha porque estos intereses sean alcanzados y se atiendan sus necesidades.
Una organización tiene el monopolio de la legitimidad cuando es la única que cuenta con el consentimiento mayoritario, el común acuerdo, de aquellos a quienes representa. Por ejemplo, en Cherán y en los pueblos zapatistas existe un monopolio de la legitimidad pues son los propios pueblos los que eligen a sus autoridades y nadie más. El ejemplo contrario se dio en Milpa Alta, donde quienes firmaron la construcción del cablebús no son representantes del pueblo, pero sí son representantes válidos para el gobierno, tan es así, que con ellos se hizo la asamblea que buscó consumar el atropello.
Como se ve, cuando el gobierno reconoce como interlocutor válido para negociar políticamente a organizaciones espurias o creadas a modo, usurpa esta facultad al pueblo o comunidad que debe ser representado. En este caso, hay una disputa por el monopolio de la legitimidad, es decir, por ver cuál es la única fuente que puede determinar si una organización representa o no a una comunidad.
Estos tres fenómenos debilitan enormemente a las organizaciones. Por esto, la Coordinación de Lucha Popular declara:
- Que lucha por superar el gremialismo y el localismo en el movimiento popular.
- Que asume como un objetivo fundamental, generar las condiciones para que sólo las comunidades y pueblos tengan en todo momento, la facultad de determinar quiénes son sus representantes legítimos.
Reivindicamos la política hecha por los de abajo; nosotros. Trabajaremos en cada calle, barrio y pueblo de la Ciudad de México, bajo los principios antes desarrollados. Nos mueve el interés supremo del bienestar colectivo, de un desarrollo en beneficio de los trabajadores, estudiantes, indígenas, obreros y todos los que padecemos a diario las manifestaciones de la decadencia de la sociedad actual.

