Miradas desde la periferia

Nov 27, 2023 | Opinión, Política

Fotografía por Manuel Armenta

La pregunta de un incrédulo

Quince años después de mi contacto inicial con el marxismo, cuando ya tenía más de diez años de militar en el Partido Comunista, un amigo me preguntó con seriedad -¿en verdad piensas posible la transformación de la sociedad?-  y añadió -Durante más de veinte años fui policía, y he visto los actos más terrible y denigrantes de que son capaces los hombres y mujeres de esta sociedad, por lo que, parece imposible que en medio de esta descomposición humana se genere un cambio-.

Él sabía que los comunistas proponemos solucionar los grandes problemas de los trabajadores, asegurando la alimentación, vivienda, acceso a la salud, educación, elevar la calidad de vida y asegurando el enriquecimiento espiritual. También tenía claro que proponemos realizar todo esto utilizando la riqueza generada por los trabajadores y que hoy es acumulada por los grandes empresarios.

Yo sabía que él estaba de acuerdo con las propuestas de los comunistas, por lo que entendí que su pregunta sobre la posibilidad de una transformación social se debía a la desmoralización que causa convivir a diario no sólo con la violencia que engendra la pobreza, el desempleo y las demás lacras que surgen en las colonias marginadas producto de la explotación y marginación. Su duda era legítima, pues su consciencia se debatía entre considerar que una transformación radical era ineludible y la idea pesimista de que no hay alternativa, resultado de ver una sociedad sumida en la barbarie.

Por su experiencia como policía, no le cabía duda de que bajo el actual régimen político independientemente de cuantas reformas se hicieran o cuantas nuevas corporaciones policiacas se crearan, el tema de la seguridad no se podía resolver, al igual que el de la corrupción y de que la ley sirve a los potentados y la justicia solo actúa contra los pobres. En resumen, le quedaba clara la necesidad de una transformación de fondo en la sociedad.

Tardé un par de minutos en responderle, no porque dudara de las posibilidades de una revolución, sino porque a mi memoria llegaron escenas de la violencia con la que convivimos a diario los que vivimos en la periferia, y pensé que él debía haber presenciado una mayor cantidad de atrocidades.

En ese momento me di cuenta de que detrás de las historias que me había contado de balaceras, persecuciones y demás anécdotas chuscas y audaces, subyacía una mirada pesimista del presente y futuro de la sociedad. Al parecer nuestras frecuentes platicas despertaron en él la duda de la posibilidad de un cambio, y le pareció interesante que alguien no mostrara duda de las posibilidades y la necesidad de una transformación socialista. Tal vez hasta llegó a ocurrírsele que, tal vez si yo conociera más de los episodios negros de que es capaz la humanidad, no pensaría en la inevitabilidad histórica del socialismo.

Le respondí que consideraba posible y necesaria la transformación de la sociedad, pero en esta ocasión no me detuve en explicar de qué forma una mejor vida para todos los trabajadores estaba asegurada en el socialismo, ni que el socialismo tiene bases científicas de economía, política, filosofía; tampoco me detuve a hablarle del imperialismo o la importancia de la clase obrera en México.

En ese momento tenía que reiterarle mi pleno convencimiento del futuro de la humanidad, además aclararle que sí, que con los hombres y mujeres de hoy se habría de cimentar el mañana, y era erróneo pensar que los males y vicios que él había visto con tanta recurrencia fueran un elemento general entre el pueblo trabajador.

Pues no se puede obviar que el miedo y la desesperanza son también armas del capitalismo para neutralizar la acción e intentar paralizar la rebelión ante la opresión. Además, le recordé que esa mirada pesimista abanderada por los existencialistas y nihilistas fue combatida por el marxismo, y que tenía sentido que recobrará vigencia conforme se agudizan las pugnas armadas y se exacerba la violencia por las guerras interimperiaistas y las acciones de los gobiernos reaccionarios.

Pero la idea central que me interesaba esclarecer era que “el ser social determina la conciencia social”, por lo que, la humanidad sí puede redimirse de la situación de barbarie a la que la arroja el capitalismo, además de que en los callejones sin salidas surge la insumisión que bien direccionada puede generar la transformación. Por tanto, con los hombres y mujeres de hoy, se ha de transformar la sociedad, pero sin duda esto no podría ocurrir sin el ingrediente de los necios, de los luchan todos los días y que agrupados políticamente tienen la conciencia de las tareas que se deben cumplir para esa nueva sociedad.

La pregunta de aquel amigo denota que cada vez es más vigente el dilema “socialismo o barbarie”, pues está por revivirse la barbarie de las guerras mundiales que vivió la humanidad en el siglo XX, niveles de violencia generalizada en múltiples lugares al mismo tiempo de una forma que no han visto varias generaciones. Todo lo que no le pone fin a la barbarie del capital cortando sus cimientos, es cómplice de la continuidad de la barbarie, esto implica que son cómplices de la barbarie todos los intentos de “humanizar al capitalismo”, llámense socialdemocracia, progresismo, socialismo del siglo XXI o cualquier otra variante de gobierno que da continuidad a que unos pocos se apropien de la riqueza producida por los trabajadores.

Hoy podría decirle a este amigo que al mismo tiempo existen entre los trabajadores muestras constantes de solidaridad, entre familias, vecinos, entre gente que acoge y ayuda a los migrantes centroamericanos y haitianos que están llegado a México y a quienes el actual gobierno reprime. También es evidente que existe la solidaridad entre los pueblos, cada que, al informar de la verdadera situación de la guerra del Estado de Israel contra el pueblo palestino, la gente trabajadora que no duda que su solidaridad esta con los palestinos.

Esto que llamamos solidaridad de clase debe ser extendido y enlazado con la necesidad de que desde el pueblo surja un nuevo poder, un nuevo gobierno, una nueva sociedad.

Tal vez más que mi respuesta, es mi permanencia en el Partido Comunista lo que ha permitido disipar la incredulidad de aquel amigo. En todo caso hoy ha puesto su cámara al servicio de la prensa revolucionaria El Machete (@machetegrafia)y sus fotografías captan las movilizaciones en las que participamos los comunistas, las protestas de los trabajadores, y también la belleza de la ciudad. (@manuelarmenta._)

Autor

Share This